TRISTE REALIDAD (Testimonio de una joven de nuestro tiempo) Todos vienen a mí en demanda de consejo. De orientación. De apoyo. De comprensión. De ayuda.
No me dejan un sólo momento de paz. De calma. De reposo. Me roban mi soledad. Me visitan en
la casa (ya tú has visto que viene a visitarme mucha gente), de manera continua y
permanente, de la mañana a la noche.
Luego está el teléfono. No puedes ni imaginarte cómo suena. Cuántas llamadas se reciben en
esta casa a lo largo del día. Se me va la vida en coger el dichoso aparato. En sostener a
través del mismo interminables conversaciones que a nada conducen, en las que oigo
estupefacta la más disparatadas y absurdas situaciones, toda suerte de banalidades y
estupideces.
Pero luego viene y resulta que cuando soy yo la que los necesita a ellos entonces la cosa
es distinta. La cosa cambia. Todo es diferente... Porque entonces no están. O sí están. Pero
antes de que yo pueda empezar a hablar lo hacen ellos y ya no paran: Bla, bla, bla, bla,
bla, bla, bla, bla... De manera que me resulta imposible colocar una sola palabra. Conseguir
que me dejen decir algo. Que me escuchen así sólo sea durante un segundo. Que me permitan
sacar fuera lo que me atormenta, tortura, inquieta o apena y obtener así algún consuelo,
algo de alivio, no digamos ya algún apoyo o comprensión por su parte.
He aquí la triste y cruda realidad de mi vida.
|