jueves, 8 de febrero de 2018

Los cuatro jinetes

Junto al carro del progreso,
cabalgando en sus monturas van, 
cuatro jinetes siniestros.
Uno es la Miseria,
otro es la Peste,
el tercero es la  guerra
y el cuarto es la Muerte.

La miseria de los pobres,
de los pueblos atrasados,
de los hombres marginados,
las mujeres explotadas,
de los niños desahuciados.
La Miseria consentida
por la mano insolidaria.

La peste que respiramos
por el aire envenenado,
que bebemos y comemos
del río contaminado
y del alimento adulterado.
La Peste provocada
por la cartera insolidaria.

La guerra entre los pueblos
que nunca quisieron buscarla.
La guerra de rapiña,
la guerra fratricida,
la guerra inconfesable.
La Guerra imperdonable
de la conciencia insolidaria.

La muerte del desesperado,
del suicida sin salida,
de ese niño abandonado,
del soldado que ha luchado,
del objetor fusilado.
La Muerte consecuencia
de la guerra, la peste y la miseria.

Para derribar a esos jinetes
.y recuperar la cordura,
el bienestar de las gentes,
la salud, la paz, el amor
y la alegría diaria
ocupemos sus monturas
con las almas solidarias.

Soñábamos

Soñábamos que el miedo no nos quitara palabras,
en ver a la luz los libros ocultos en el armario.
Que luchar por buen sueldo, no nos costara encerrarnos.
Eran tiempos de trágala y palo,
de hombres audaces que querían cambiarlos.
Un día creímos que habíamos ganado,
la Libertad corría por las calles.
"La movida", alegraba las plazas y bailes.
Ya han pasado unos años...
La insolidaridad, la lucha por el triunfo en el "libre mercado",
ha sustituido con gran éxito a los palos.
Hoy al verlos por unas monedas rebajándose,
pienso si habrá peor cadena que el hambre.
¿Dónde está el espíritu rebelde?
La inseguridad en el trabajo debió comerle.
¡Que pobre es la libertad,
si tenemos que vender nuestra alma por un pedazo de pan!
Que hermosa, que escasa, que frágil...
Pero ante "el poder" compañero, la auténtica, la de verdad,
solo la tendremos con la fuerza de la solidaridad.

El camaleón impostor

En un rincón del Parque, sigiloso,
pegado al sitio como la culebra,
el camaleón impostor espera,
espera impaciente a su nueva presa.
No es especialmente hábil, astuto o ágil,
pero puede cambiar de apariencia,
disponer libremente de su inmensa,
de su vermiforme lengua...
Algunos creen que es un chamán,
un chamán africano,
pues como esa especie allí,
de dos cuernos prominentes está adornado.
Otros creen que utiliza sus saltones ojos
para psicoanalizar a sus presas
mirando con uno al norte y otro al sur
para no perder detalle de ellas.
Opinan otros que quizás,
por sus curvas y largas uñas,
también por su andar pesado,
pueda tener algo de marrano.
Pero ¿quién sabe?
aunque fuera de sitio y evidentemente atrasado,
por algún motivo,
a este parque habrá llegado.